“SHILICO” o "Chilico" una discusión necesaria.
La riqueza cultural del Perú se expresa en una variedad de tradiciones, costumbres y términos que se entrelazan y transforman a lo largo de nuestra historia. Entre ellos, el apelativo "shilico" o "chilico" destaca no solo por su sonoridad, sino también porque da un sentido de pertenencia a la provincia de Celendín, cuna de artistas oculta entre lomas gris azules del sur de Cajamarca. Sin embargo, es crucial entender que este término no es un simple apodo; es una identificación que se reserva exclusivamente para quienes han nacido en esta región particular.
Para comprender la profundidad de este término, debemos explorar sus orígenes. Según el investigador Julio C. Tello, los primeros habitantes de la zona eran de ascendencia Arawac y, en 1456, migraron masivamente hacia Quito, siguiendo las huellas de Túpac Yupanqui. Este desplazamiento fue un momento clave que sentó las bases para la futura población de Celendín.
Otra pieza fundamental del rompecabezas son los “chilchos” o “shilshos”, una etnia que provenía de la cuenca del río Marañón. Bajo las órdenes del inca Túpac Yupanqui, estos grupos retornaron a repoblar el territorio actual de Celendín. Los chilchos eran ayllus libres, no sometidos a ningún curacazgo, pero su estilo de vida cambió al establecerse como un grupo más estable bajo la influencia inca. Sumado a ello los antiguos habitantes de Cajamarca, los caxamalcas o caxamarcas, adoptaron el término “chilicos” para referirse a los recién llegados, lo que contribuyó a que evolucionara y se popularizara el nombre.
Más allá de su significado etimológico, el término “shilico” está lleno de significados culturales. En la selva nororiental vecina a Celendín, encontramos un fruto conocido como "maichil", que también se llama “chil-chil” en esta zona. Este fruto se usa en danzas tradicionales, donde los danzantes colocan semillas secas en sus piernas como objeto decorativo, pero también musical. Debido a que el roce de estos frutos produce un dulce sonido que resuena en el aire: “Shil-shil, Shil-shil, Shil-shil.” Este ritmo recuerda la base de las palmas cajamarquinas en sus "cashwas" que suenan notablemente parecido. La forma en que se presenta la música también revela conexiones importantes. Las danzas tanto de la selva como de Celendín comparten una instrumentación similar consolidada por un pincuyo (flautín) y una "caja" chica (tambor pequeño de piel de ganado). Este acompañamiento musical, interpretado por una sola persona, sugiere un lazo cultural sólido entre estas dos regiones.
El término “shilico” o “chilico” también en femenino: “shilica” o “chilica” es, sin duda, un símbolo representativo de Celendín. No solo designa a sus habitantes, sino que también encapsula la esencia de una identidad cultural vibrante y diversa. Es un sonido que refleja historia, migración, y la inquebrantable relación entre las personas y su tierra. A medida que el término “shilico” sigue resonando en la vida cotidiana de mis paisanos, nos recuerda que al pronunciarlo estamos conectando con nuestro pasado. Nos invita a reflexionar sobre nuestras raíces y a apreciar la riqueza cultural que define a nuestra bella provincia.
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