El castillo ambulante como ejercicio de escape


 


Hoy quiero hablarles de uno de los mejores largometrajes de animación para ver si has tenido un mal día o solo quieres escapar un rato de la terrible realidad del mundo. No puedo prometer que la historia te atrape, pero seguro que los increíbles fotogramas pintados a mano y la excelencia de la banda sonora merecen tu tiempo. “El castillo ambulante”, dirigido por Miyazaki y basado en la obra de Diana Wynne Jones: El castillo ambulante es un film que nos va a hablar de lo aterrador que puede llegar a ser convertirse en un adulto.

Sophie es una joven que trabaja haciendo sombreros en la tienda de su madre donde se refugia, no porque le asuste el mundo exterior, sino porque percibe las sombras que ahí se encuentran. No quiere una vida encerrada en una habitación desde la que ver su vida pasar por la ventana, pero está dispuesta a asumirlo si eso le evita el dolor. Los adultos que la rodean son codiciosos y viven con el único fin de ganar dinero, matándose unos a otros en una guerra de la que ni siquiera son responsables. Su única familia, su madre y hermana, son víctimas de su belleza, y además los únicos hombres con los que tiene contacto le acosan sin discreción. Es por ello que recibe muy bien la maldición de la Bruja del Páramo que la vuelve anciana, este cambio le da felicidad y motivación por haber podido saltarse las preocupaciones que plantea el paso a la edad adulta, con toda su complejidad y las responsabilidades.

La maldición de Sophie no es tan sencilla de entender como la de Fiona en Shrek, solo por dar un ejemplo; sino que se relaciona directamente con su personalidad. Sophie representa en la película al amor propio. A medida que se desarrolla la película, ella regresa a su apariencia joven dependiendo de cómo se siente, inclusive cuando está dormida, lo que confirma que cada vez que deja de pensar en su aspecto, la maldición desaparece, por lo que la única maldición que enfrenta es cómo se ve a sí misma.

Esto se relaciona con el rechazo a la madurez representado en el poderoso mago Howl, quien juega un papel de salvador al inicio de la película, pero luego se revela como un niño que se refugia en la magia para huir de los problemas de la llegada de la edad adulta. Sophie, en este sentido, le libera de la adolescencia en la que se encuentra atrapado. Calcifer, el demonio del fuego que guarda su corazón, advierte del peligro de usar mal el poder. Es curioso, ya que pareciese que se está describiendo a sí mismo. Como símbolo de poder que, usado con medida, es indispensable, puede calentar un hogar, hacer un desayuno o mover un castillo ambulante; pero en extremo implica destrucción. 

Al final de la película no se pierde el terrible miedo a madurar, tenemos a un grupo de personajes que se hacen crecer los unos a los otros en comunidad. La gente puede llegar a ser cruel, codiciosa y manipuladora, pero incluso en el escenario más oscuro, al rodearse de las personas adecuadas, todo puede cambiar de rumbo. Ver como madurar no tiene por qué ser un camino solitario, sino que puedes crear un círculo en el que se apoyen unos a los otros, entendiendo que es difícil crecer si uno no ama lo que no le gusta de sí mismo.



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