El imperio digital: un viaje entre pantallas
Hoy, que la globalización ha tomado su curso y que gozamos de este gran imperio digital, un mundo lleno de pantallas y automatizaciones que se han convertido en los mediadores de todas nuestras actividades. El deseo de imágenes, luz y sonido casi nos consume, reduciendo nuestra existencia al tiempo que pasamos frente a las pantallas. Es esta forma de vida que nos ha terminado aislando un paso a la vez; con la tecnología apuntando cada vez a reducir más las interacciones y simplificar las tareas para exhibirnos como simios solitarios y digitales.
Vivimos literalmente un viaje entre pantallas que nos ha dejado solos, y ese es un problema. Después de todo somos primates, mamíferos sociales; desde nuestros primeros días los individuos solitarios no sobrevivieron para dejar sus genes, pero en sociedad, formando tribus, nuestros ancestros lograron reproducirse y por generaciones transmitir el conocimiento aprendido. La virtualización es el método actual de dominio. Una realidad convertida en imagen es un objeto fácilmente manipulable.
frente a las pantallas nuestra identidad se reduce a una colección de datos al azar. Esto puede llegar a ser extremadamente peligroso cuando estos datos están en manos de un pequeño grupo de personas. No solo pueden anticipar nuestra ubicación, nuestras acciones, nuestras preferencias y nuestros pensamientos, entre muchas otras cosas. También pueden deshumanizar a las personas, concentrar el poder y crear sociedades donde la aceptación digital se vuelve más importante que la interacción cara a cara con tu comunidad.
Distintos grupos sociales forman a distintas personas con distintos defectos, lo que es bueno para algunos es malo para otros y viceversa, en nuestra sociedad aún sin las pantallas ya es muy facil escoger una de las personalidades que nos ofrecen los patrones culturales en los que vivimos para convertirnos en lo que se espera de nosotros, con ello gran parte de la ansiedad desaparece, transformándose en una pieza útil de la sociedad a cambio claro de renunciar a ti mismo a tu individualidad.
En el mundo digital actual, nos vemos incentivados a quedarnos en casa y a abandonar nuestras interacciones físicas, sustituyéndolas por sus versiones virtuales. Todo se realiza de manera remota. En lugar de vivir, vivimos a través de una pantalla. Hemos entrado en la era de la vida remota. Experimentar algo virtualmente, a distancia, verdaderamente no es experimentarlo.
La tecnología nos ofrece innumerables oportunidades: podemos comunicarnos de forma más rápida, alcanzar a un público más amplio, conectarnos y difundir información casi instantáneamente. Sin embargo, la cuestión es si realmente nos está ayudando a mejorar. La herramienta está disponible para que, como seres humanos, la utilicemos con conciencia, ética y una clara comprensión de la realidad. La tecnología es un recurso que podemos maximizar, pero no todos los métodos justifican los fines.
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