La Sustancia: El miedo a envejecer
Envejecer es el nuevo monstruo sobre el tablero; a nivel cultural hemos podido verlo ejemplificado en Disney y el arquetipo de bruja que nos ha vendido, la reina malvada que al mirarse en el espejo sueña con extirparle la juventud y belleza a Blanca Nieves. varias generaciones que han crecido bajo una sugestión social que pone en tema de conversación los intentos de la humanidad por encontrar la fuente de la juventud. Es aquí donde llega La sustancia, un film de origen británico del género de horror corporal que toma relevancia, y es que gira en torno a este tema, ¿Has soñado con una mejor versión de ti? Tú, pero mejor, más joven, más perfecta.
Elizabeth es una actriz cuyos mejores años ya han pasado. Tras ser finalmente despedida por el sexista jefe del estudio, , lo que significa que ya no tiene ingresos regulares ni puede conseguir otros papeles debido a su edad, cae en una peligrosa espiral de desesperación. Esta obsesión por ser perfecta y sobre todo joven es algo real en nuestra sociedad, principalmente en la industria del entretenimiento. Muchas artistas se han manifestado sobre esta problemática y han alzado su voz en forma de protesta.
Una zona más allá del ego que se explora en esta película es el maltrato contigo mismo, el daño que te haces cuando no te quieres y las múltiples formas en que te torturas para ocultar esa parte que tanto odias de ti. Cuando Sue persigue y asesina a Elizabeth, lo representan maravillosamente, la forma en que ni siquiera le importa que ambas sean la misma; está obsesionada con ser perfecta y eliminar su parte de ella que tanto aborrece.
La sustancia busca, a mi parecer, ser una sátira de sí misma y es que casi nos lo dice literalmente, la sociedad solo va a ir a más y más, Cuando Sue “nace” y consigue de nuevo su puesto en el programa, perfectamente podría haber tomado otro camino usando su experiencia y conocimiento de la industria como alguien de 50 años, pero no, Sue comete los mismos errores que Elizabeth para luego empezar literalmente a desmoronarse y volverse un monstruo. Es así como funcionan estas cosas, empiezas tratando de ocultar una parte de ti y, sin darte cuenta, te destruyes, caes tan al fondo que ni siquiera intentas salir, solo te preguntas: "¿Cómo he llegado hasta aquí?".
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